martes, 27 de agosto de 2013



No se pierde nada y se gana un montón !




Hoy quiero hablar de lo fácil que es ser buena gente.  No hay que hacer grandes esfuerzos, ni cursos intensivos de queridura, tampoco hay que llevar una dieta determinada o cumplir una serie de requisitos previos. Hay que solamente conectar con el corazón y agradecer cada centímetro que hemos recorrido.  Cuando somos conscientes de lo que nos rodea, de lo afortunados que somos al hacer parte de esta galaxia y sobre todo cuando nos damos cuenta de que todo hace parte de nosotros y de que nuestra existencia es solo un pedacito de este Universo maravilloso, cuando eso pasa, cuando vemos que todos  los seres vivos estamos interconectados, ahí se vuelve  muy natural ser amable, ser buena gente, ser compasivos, mirar a los otros  no desde nuestros zapatos sino de desde los suyos.

Muchos saben que yo trabajo en una oficina haciendo un trabajo que no tiene mucho que ver con mis expectativas (pero ese es tema para otra entrada en el blog). Digamos que estoy ‘en el lugar equivocado’ como  diría un viejo comercial colombiano.  Es el lugar equivocado porque aquí no hago lo que he aprendido a hacer, ni lo que me gustaría hacer; -Aunque paradojicamente sé que estoy en el lugar que yo misma elegí y decidí estar. Soy responsable de mi presente y sé muy bien que estoy en el sitio indicado -por ahora-.  

El caso es que en este lugar  la palabra colegas no existe porque aquí cada uno anda en su rollo, y al ser una compañía taiwanesa, eso de decir buenos días como que no es muy propio de esta cultura. (Por otro lado es el lugar perfecto porque es gracias a este trabajo que he aprendido a conocerme mucho más y a saber qué es exactamente lo que quiero y lo que no quiero hacer.  El tiempo exacto llegará cuando deba ser - pero de nuevo, ese es tema para otra entrada-.

Mis ‘colegas’ taiwaneses son cerrados y distantes. Seguramente para ellos, eso es lo más normal del mundo: trabajar sin levantar la mirada, pensar que todos son máquinas en donde los sentimientos o las sonrisas están fuera del juego cotidiano.   Al principio me parecía increíble y quería implementar una política interna de « cómo ser buen colega y no morir en el intento » pero me di cuenta de que a ellos realmente no les interesa.   Y no quiero entrar a analizar por qué esta gente es como es;  son así y si ellos cambian algún día será porque ellos mismos verán la necesidad de hacerlo, o no y  se quedarán así, hablando su idioma y un Inglés a medias, y tendrán como único interés en la vida trabajar y trabajar mientras ahorran para luego viajar a las carreras por el mundo visitando todo con la misma superficialidad con la que pasan por la vida. Por encima; sin conectarse, sin estar realmente. Pensando siempre en el futuro; Nunca en el presente. Nunca en el ahora; Porque si esta gente estuviera por un instante en el ahora, se daría cuenta de que al decir buenos días mirando a los demás a los ojos y realmente sintiendo cada silaba en el corazón, la vida sería mucho pero muchísimo mas amable. Y sus ojos brillarían al menos un poquito.

Tengo la suerte y la fortuna de despertarme con una sonrisa cada día y saludar al sol, a las nubes y a mi hijo. A mi cuerpo y a mi alma, a quien me encuentre en el camino. Doy los buenos días a todos inclusive a estos colegas, que me producen más compasión que tedio,  aún sabiendo que no me responderán.


Los mayas saludaban con la expresión ‘IN LAK’ECH’ (yo soy otro tú)  y la respuesta era ‘HALA KEN’  cuyo significado es  ‘tú eres otro yo’.    Entendamos eso, que tú que estás leyendo esto eres parte de mí y que yo soy parte de ti.  Que todo lo que tu digas o hagas hoy a alguien es algo que te estás diciendo y haciendo a ti mismo. Que esa ternura con la que estás tratando a tus hijos, tus padres, familiares o amigos, o ese desprecio que a veces sientes por tus jefes, tus empleados o colegas, todas esas expresiones de cariño o de desamor son sentimientos hacia tu propia alma, hacia tu propia existencia; porque absolutamente todo y todos hacen en menor o mayor  escala,  parte de ti.

Yo saludo y deseo siempre lo mejor a todos y  vivo agradecida; tengo mi corazón lleno de amor y de alegría y esa es mi manera natural de andar por este mundo: en Paz.  Namaste.  (Yo honro el Espíritu en tí, que también está en mí).