viernes, 8 de julio de 2011

El mundo de Sofía


Nació en la capital colombiana en un hogar compuesto por una ama de casa y un odontólogo; creció rodeada de sus 6 hermanos entre los Llanos Orientales y Bogotá; tuvo sin duda una infancia feliz. 50 años más tarde recordaría con especial cariño a su perrito Toby y sus travesuras con sus amiguitos y hermanos.
Fue una mujer hermosa; con una sonrisa enamoradora, una voz sensual y una mirada que cautivaba a todos. Tuvo un humor picante; negro; un poco sarcástico. Siempre la caracterizó la palabra precisa, el comentario inteligente, la creatividad. Le hizo siempre honor a su nombre que significa Sabiduría.
Cuando trabajaba en Inravisión conoció a ese muchacho risueño y emprendedor. Se enamoró de su sencillez y de su sentido del humor. De ese estudiante de psicología que se pagaba sus estudios con funciones de magia y títeres. Fue su ayudante y cómplice. Su compañera y amiga. Fue su mujer y la madre de sus hijos.
Los dos decidieron irse a vivir a Manizales y fundar una librería que sería más adelante la más importante y reconocida de la ciudad.
Ella siempre estuvo presente; sabía exactamente qué libro recomendar. Tomarse un café en su compañía fue para muchos un placer inigualable. Era muy amiga de sus amigos de la misma forma que era distante y lejana cuando alguien no le agradaba. Hablaba con tono pausado; generalmente estaba de buen humor pero cuando le sacaban la piedra era mejor no cruzarse en su camino.
Crío a sus hijos como lo hace una madre que entrega todo por amor. Vivió por ellos y les enseñó a ser sensibles, a respetar la naturaleza, a apreciar lo fantástico de las pequeñas cosas. Alimentó su imaginación con historias inventadas por ella, con fábulas y cuentos que hacían volar hacía mundos irreales.
Dejó lecciones de vida. Aún recuerdo cuando le pedí un pajarito y me dijo: Si te quedas una tarde en tu cuarto encerrada, haces pipí en una mica y yo te paso la comida pero te quedas ahí hasta por la noche sin salir, te regalo un pajarito. Dos horas después de su experimento la llamé llorando y le dije que quería salir y que nunca iba a tener un pajarito encerrado en una jaula. Así eran sus lecciones. A veces duras, seguramente no encontradas en manuales de educación pero a mí me sirvieron para siempre y le agradezco que me hubiera enseñado así el valor de la libertad.
Era libre. Muy libre. Pensaba mucho más allá que el resto de las mujeres que conocí. A las reuniones del colegio iba como era ella: sencilla, sin maquillaje, en sandalias y con vestidos hindúes. A mí me provocaba salir corriendo cuando le veía esa mochila arahuaca mientras que el resto de las mamás venían recién salidas de la peluquería en tacones, media velada y cartera de cuero. Años más tarde sería la niña más orgullosa porque tenía una mamá hippie, librepensadora; berraca y súper inteligente.
No era de reuniones sociales, ni de cocteles ni de clubes; Para ella eso no tenía ningún valor. Nada como las reuniones en la casa al calor de una deliciosa comida preparada con sus amigos más cercanos, un buen vino, un juego de Scrabble y un video de Les-Luthiers.
Sólo recuerdo que la vi llorando una vez. Cuando perdió un bebe que venia en camino y decidió quedarse un rato mas allá en ese universo donde viven los Ángeles. Ahí la vi triste, golpeada, y muy enojada con la vida. Ya estaba barrigona, ya usaba ropa de embarazada y esperaba ese bebe con mucha ilusión.
Años más tarde le llegó por fin un segundo hijo a su vida. Un hijo que amó con locura. Como sabía amar ella a sus hijos; con el corazón. Les puso alas y los hizo volar.
Con ella caminé muchas montañas y atravesé muchos ríos. A ella le conté toda mi vida y ella sufría en silencio con mis desengaños. Años tarde me enteré que a ella le daba pesar de mi porque yo era muy ingenua y me enamoraba con locura para después terminar sufriendo y con unas tusas absurdas.
Ella era práctica. Demasiado práctica. Encontraba siempre solución a los problemas y si los problemas no tenían solución los dejaba pasar y no sufría mucho. A ella yo le adjudicaría el dicho “A otra cosa mariposa” así era ella; seguía el camino sin detenerse o devolverse frente a los obstáculos.
Fue la consejera perfecta para sus amigas que tenían bebés. Sabía todos los secreticos para las mamas primíparas y todas corrían en su búsqueda cuando los niños tenían cólicos; gripa; o cuando lloraban sin parar.
Escuchaba los problemas de los demás sin juzgar y siempre tenía el consejo apropiado. Más de una persona tenía consultorio particular en la Librería Palabras a donde iban a buscarla para contarle sus penas y glorias. Y ella ahí. Tranquila; serena. Amiga.
Hay seres llenos de luz, de sabiduría. Guías por naturaleza. Que vinieron a este mundo a tocar almas, a dejar enseñanzas y a dejar huellas imborrables pero que por su misma naturaleza transparente casi mas allá del bien y del mal, son requeridos en otras dimensiones para ir preparando el camino; para darle la bienvenida a quienes en algún momento llegaremos allí. A ella, sus hermanos mayores, esos ángeles que vio la mañana del 31 de mayo del 2007, la llamaron muy pronto. Ella me lo dijo ese día: Ahí están; ya llegaron por mí. Yo me voy esta noche.
Y así fue. Se fue después de soportar con una fortaleza inimaginable una enfermedad que no se compadeció con ella. A nadie le contó que esas sesiones de quimioterapia le estaban apagando la luz. Al contrario: después de las sesiones se iba a la librería a seguir trabajando; a sentirse rodeada de sus amigos a darle la pelea hasta el final a la muerte. Esa que se deslumbro con su luz y quiso llevársela. En donde está, sé que sigue enseñando a volar; Sé que me protege y me acompaña. Sé que esta ahí aun haciéndole honor a su nombre: SOFIA.
Te amo mama.