lunes, 21 de septiembre de 2009

Tirando las llaves


Nunca olvidaré el día en que mi mamá me dio por primera vez la llave de la casa. Yo tenía 9 años y en ese momento me sentí la persona más importante y responsable del mundo. Las llaves de mi casa! yo ya podía entrar sin tener que timbrar ni esperar en la puerta a que me abrieran!


Muy cuidadosamente inserté la llave en una cuerdita azul que anudé a mi cuello con el mayor de los cuidados y me fui, como era habitual, a montar en bicicleta.  Al cabo de unas horas ocurrió un fuerte accidente:  Un Renault 4 doblaba la esquina en el mismo momento que yo, pero en sentido contrario; resultado: choque frontal, bicicleta debajo del carro,  niña muy aporreada con un morado inmenso en la pierna derecha y lo peor de todo... la cuerdita que sostenía mi llave ya no estaba!  fue lo primero que pensé cuando ocurrió todo; no pensé en mi bicicleta, no pensé en el dolor de mi codo ni en el morado horroroso de mi pierna, no pensé ni siquiera que acababa de estrellarme de frente contra un carro! pensaba en mi llave, en lo mal que lo iba a pasar cuando contara en mi casa que la había perdido!  Finalmente me llevaron a mi casa y unas horas más tarde el celador  fue a entregar la llave que había encontrado a unos metros cerca del accidente.


Esa fue mi primera experiencia con mis llaves.  A partir de ahí empezaríamos, mis llaves y yo, una relación singular.
Seguramente no soy la única que pierde sus llaves con cierta frecuencia.  A mi me pasa por lo menos 2 veces a la semana; por más que les tenga un lugar fijo algo sucede y como por arte de magia  "desaparecen".
Me pasó por ejemplo cuando Juan tenía 10 meses, que las deje dentro del carro, con bebé a bordo. Eso no se lo deseo a nadie! Afortunadamente esta "garrapatica" mía es de una tranquilidad aterradora y, como adivinando lo que estaba pasado,  esperó tranquilamente a que llegara el cerrajero y solucionara el tema casi una hora más tarde.
Pero hoy mi razón de escribir no está motivada por las anécdotas que tengo con respecto a pérdida u olvido de mis llaves sino por el hecho de que en mi bolsillo tengo 1 llave y no es de mi casa.
Desde los 9 años he tenido llaves de mi casa en Manizales y sobra decir que nunca he tenido que devolverlas.  Aunque me he ido de esa casa en repetidas ocasiones, sé que sigo contando con las llaves.  Tener las llaves de la casa de la familia es no sólo saber que se cuenta con techo y cama sino con un hogar.  Eso es importante saberlo.
Cuando llegué a Bélgica recibí del abuelo de Juan las llaves de su casa pues allí tenía aún algunos libros y juguetes y eventualmente iba a esa casa, pero nunca tuve que usar la llave pues él o el papá de Juan estaban siempre allí. Hace 5 días, de la nada, me pidió que le devolviera las llaves. Aunque yo no contaba con esa casa como hogar, me pareció muy significativo tener que devolverlas.  Está claro: ahí nada me pertenece y ni mi hijo ni yo pertenecemos a ese lugar. Estuvo bien que eso pasara, justo un día después de comenzar a sopesar mi estadía aquí. La actitud del señor, sin quererlo, ayudó a reafirmar mi decisión.
Me quedaban 2 llaves en mi llavero: la del carro y la de la casa de mi amiga en donde vivo de alquiler.  Hoy mi carro sacó la mano. La caja de cambios se trabó y me tocó llamar a la grúa. . Al sacar la llave del carro y entregársela al señor de la grúa, sólo me quedó la de la casa de Ann, mi amiga.  Me la eché al bolsillo y empecé a caminar hacia la estación del bus. El el trayecto, me metí la mano al bolsillo y toqué esa llave fría y solitaria.  Esa llave de una casa que no es mi casa.  Esa llave que pronto, muy pronto voy a devolver sabiendo que podré de nuevo cargar MIS llaves. Esas que están en un llavero en algún lugar de la casa de mi papá... Uy! dónde estarán esas llaves?