viernes, 18 de septiembre de 2009

La felicidad es nuestra identidad.




Y aquí estoy de nuevo. Haciendo lista de pros y contras,  calculando, comparando, observando, tanteando qué puede ser mejor, dónde puedo estar mejor, cuál es el lugar apropiado para mi y para Juan...
La lista está muy pareja: que aquí hay más actividad cultural; que el clima allá es más agradable; que aquí las posibilidades de viajar son mayores; que allá están mis amigos y mis afectos; que la pedagogía del colegio de Juan aquí; que los amiguitos y tías putativas allá.  En ambos sitios estamos bien. En ambos lugares somos felices... pero la realidad es que económicamente me será imposible quedarme un mes más. De hecho, si no consigo trabajo la próxima semana, tendré que regresar a Colombia. Ya no es una cuestión de meterle la ficha, ya es una realidad.  Hay que saber detenerse y entender que si no se puede seguir adelante lo mejor es voltear la cabeza y emprender de nuevo el camino de regreso.
Y ver en ese camino de regreso todo lo aprendido y todo lo vivido. Nuca veré ese regreso como una pérdida ni como un fracaso; y para quien así lo crea será  su problema y su opinión.
Para mí será una fantástica experiencia, un poder decirle a Juan en un futuro: tu mamá lo intentó, tu mamá quiso mostrarte el mundo, tu mamá encontró para tí el mejor colegio de Bruselas, tu mamá dejó lo poco que había construido en Colombia para mostrarte la vida en Bélgica.
Pero también con orgullo le podré decir: tu mamá decidió regresar antes que irse a trabajar en cosas que no estaban acordes con su formación, capacidades y expectativas porque tu mamá ante todo tenía que ser feliz y estar a gusto con su vida. Así que aquí estamos hijo mio, en Colombia de nuevo, al lado de tu abuelito que te adora con locura, jugando con Nico los fines de semana, visitando a Tomy, besando a Anita a Pato a Lore y a Juli, leyendo cuentos en la librería, montando en moto en Juan Valdéz y caminando por la 23.  Aquí estamos Juan.  Hablando Español en lugar de Holandés,  viajando a Bogotá y no a Amsterdam, montando en buseta y no en tren, y felices Juan. Siempre con la cabeza en alto, siempre con la sonrisa y las ganas de salir adelante. Siempre triunfadores y jugando con la vida así como ella se divierte jugando con nosotros.
Porque tu hijo mío, así como Cabral, no eres ni de aquí ni de allá. Tu eres del mundo... Perteneces al lugar en  el que tu elijas ser feliz... y tu eres feliz por naturaleza...como tu mamá... Tu eres feliz en donde estés...Porque tu color de identidad hijo mijo, como el de Cabral es el de la felicidad.


Nota: para aquellos (as) que se preocupan y sufren porque aquí la presente "no pone el huevo" "no se ubica" "no tiene un plan de vida concreto"  "no sabe para dónde va"  tranquilos...no se afanen,  éste es mi camino, así se me presenta la vida, tal vez en la movilidad y el cambio está mi ubicación; mi huevito es Juan y él va conmigo hasta la muerte y más allá, mi plan de vida concreto es la felicidad, la verdad y la tranquilidad de consciencia y eso, se los aseguro lo he conseguido y sí que sé para dónde voy: para adelante partiendo siempre desde este presente que me acompaña y me protege.  Así que no sufran que yo estoy bien así como estoy.  Más bien les recomiendo que esa energía que gastan en preocupaciones, críticas o comentarios, enviénmela en buenos deseos, sonrisas y buen rollo o déjenla para ustedes. Un beso y se les quiere.