sábado, 5 de septiembre de 2009

El arte de las despedidas

Siempre me ha llamado la atención la manera como la mayoría de las personas se despiden de sus seres queridos en un aeropuerto: las lagrimas, los abrazos largos y dolorosos, las palmas de las manos contra el vidrio...Las madres se quedan desoladas, los padres aturdidos, los hermanos solitarios... 
De mi sabia mamá aprendí muchas cosas y una de ellas fue a despedirme sin mirar atrás, sin dramas y sin lágrimas.  Confieso que algunas veces quise que hubiera más emoción en las despedidas, una que otra lagrimita o un "vamos a extrañarte mucho qué pesar que te nos vayas"  Pero de eso nada... Mi mamá y mi papá frescos como una lechuga  me llevaban al  aeropuerto  y decian:  "vaya pues que le vaya bien" me daban un beso un corto abrazo y hasta el año siguiente.  Ya en Bogotá antes de pasar a emigración me quedaba aturdida con la cantidad de lágrimas,oraciones,recomendaciones que unos y otros se daban al decir adiós... En ese momento extrañaba la despedida melodramática pero al mismo tiempo agradecía en silencio a mi familia el que me hubiera ahorrado el dolor y la berriada antes de un largo viaje.
Y es que eso de despedirse es todo un arte.
Hay quienes festejan 2 o 3 semanas antes y cada encuentro es una disculpa para la despedida. Otros se van en silencio con sus maletas en mano y sin hacer mucha algarabía emprenden un largo viaje.  Hay quienes después de hacer todo el ritual del adiós con días o semanas de antelación finalmente no viajan o aquellos que en medio de lágrimas y gritos de dolor se despiden inclusive  cuando el viaje durará solo un par de días.
Pero uno no sólo se despide cuando hay un viaje de por medio o cuando va a dejar de ver a alguien por un tiempo determinado.
A veces tenemos la dura oportunidad de despedir a quienes se van de este mundo. Yo tuve la suerte de estar presente cuando mi mamá emprendió ese viaje sin regreso e inclusive en ese momento fue discreta, tranquila, sin drama y sin nostalgia.
Nos despedimos de quienes viajan y de quienes mueren.  También de aquellos que caminan días, meses o años con nosotros y después deciden seguir otros caminos. A ellos también les decimos adiós ya no con  las manos pero sí con el corazón  les deseamos que les vaya bien y les lanzamos un hasta pronto, hasta luego, hasta la vista, hasta siempre o hasta nunca. 
Para todo lo que llega en la vida hay un adiós; todo lo que llega se va y para eso hay que estar preparados. Hay que saber soltar, hay que poder desprenderse, hay que dejar ir y tener siempre presente que nadie nos pertenece, ni nuestros hijos ni nuestros padres, ni nuestros amigos, ni nuestros amantes.  Todos absolutamente todos se irán en algún momento por algún tiempo o para siempre y  cuando eso ocurra tenemos que desprendernos, abrir las manos, desamarrar los nudos, extender el corazón, desear lo mejor y decir sin lágrimas ni dramas: Adiós que te vaya bien.