viernes, 25 de septiembre de 2009

Murió una esperanza



No hay mucho que decir. El duelo se llevó las palabras.
Otra vez será.

4 comentarios:

  1. Y esas esperanzas me arrastrarón a mi con ella?

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  2. Luisis!!!!!!!!!!!!!!!! Abrazo!!! ahí contigo!
    Anita

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  3. Esas esperanzas no arrastran a nadie. Las personas deciden por ellas mismas cuando se quedan y cuándo se van. Se deshojan margaritas y los pétalos caen al suelo para fertilizarlo. Todo vuelve a la tierra y de la tierra algo volverá a nacer cuando sea el momento, cuando pase la lluvia y salga el sol. Sin dramas, ni despedidas, sin responsabilidades emocionales que no correspondan, sin excusas y sin besos. Todo se va para volver fortalecido o para nunca más volver. La puerta sigue abierta. O bien para salir o bien para entrar.

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  4. Casi todas las cosas de la vida están hechas para ser vividas como drama, en ello colaboran las grandes estructuras (la pavorosa exclusión del mercado, los pobres, los desarraigados, los desplazados, los migrantes...); pero también están las miserias de la vida cotidiana, las trampas psicológicas, el condicionamiento emocional, la química del cerebro, la mujer que alega cada mañana, las facturas del carro, el muchachito que no se toma el tetero, la insoportable inteligencia de mis jefes. Qué no decir de algunos mitos y religiones que con sus artefactos simbólicos pretenden ponernos de rodillas.

    El reto, el gran reto es no gastar la vida en la función inventada del drama, hacerle el quite, mamarle gallo, sacarle la lengua, hacerle cosquillas, mandarlo a la mierda y volverla material creativo.

    No es gratuito que las revoluciones se vendan como una especie de felicidad colectiva al final del camino, como mundos deseables e idílicos cuyo costo se paga en la miseria del presente. Para dramas, diria mi madre, están las hijas de mi vecino.

    Mario

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