lunes, 24 de agosto de 2009

Elijo el perdón

Siempre he considerado que soy una afortunada: Tuve una infancia tranquila y agradable, una familia normalita, muchos amigos y amigas, he viajado y he tenido contacto con otros idiomas y culturas, he amado con locura y me he sentido correspondida, he aprendido lo que había que aprender de las experiencias negativas y sobre todo he aprendido a perdonar.

Y es que es perdonar es un arte que no todo el mundo aprende y por eso me siento afortunada, porque de una u otra manera he aprendido a renunciar al resentimiento y a elegir el perdón como opción de vida para estar presente aquí y ahora.

Cada proceso de perdón se toma su tiempo. Unos duran más que otros y no estoy tan segura a qué se debe que una persona se demore más o menos tiempo en perdonar. Puede ser que tenga que ver con la magnitud del daño hecho pero también puede ser que tenga que ver con la madurez y la objetividad con que uno se acerque al perdón.
Hace un año tuve una experiencia bastante dolorosa con una persona muy cercana a mí. No entraré en detalles porque ya nada de ese pasado es importante. Sólo se que esa experiencia minó en mi la confianza en las demás personas y produjo un daño que yo pensé que era irreversible. El dolor es directamente proporcional a la cercanía de las personas. Entre más cercanas a tus afectos y a tu corazón sean las personas que te hieren, más grande será el dolor y más difícil la tarea de soltar el pasado y dejar ir la rabia y el resentimiento.
Pero de alguna mágica manera eso sucede. Hay que tener resolución y valentía. Hay que darse cuenta de que somos responsables de todo lo que nos pasa y en ese sentido somos quienes provocamos todas las situaciones positivas o negativas. Son nuestra energía y nuestro pensamiento los responsables de atraer lo bueno y lo malo que nos digan o nos hagan.
Perdonar a alguien no quiere decir que nos guste esa persona o que de la noche a la mañana la volvamos a querer y la acerquemos de nuevo a nuestros afectos. Perdonar no tiene que ver con la otra persona sino con nosotros mismos. Cuando comprendemos que esa persona nos hizo daño, actuando de la mejor manera posible e hizo lo mejor que pudo y supo de acuerdo a su nivel de conciencia y evolución, es cuando damos el primer paso para perdonar.
Soltar el pasado y liberar la pesada carga de resentimiento, ira y rabia que a veces elegimos llevar a nuestras espaldas nos empodera para vivir plenamente aquí y ahora y nos fortalece para elegir la paz, la tranquilidad y las sonrisas en el corazón.
Ser víctimas del pasado cargado de dolor y tristeza o triunfadores felices con un presente lleno de vida y amor... La elección no es tan difícil! Mi alma elige el amor, el perdón, y la paz. Qué eliges tu?
"Cuando perdonamos, nos damos cuenta de que hemos atraído un evento, y nos damos cuenta de nuestra interacción con el evento y del conocimiento de que la otra persona involucrada tuvo que satisfacer su necesidad o su necesidad de aprender".

lunes, 10 de agosto de 2009

Instante eterno


El ya la había imaginado, y le había hecho el amor con una mirada. Pero esa tarde no lo podía creer. Ella, en ese instante le mostraba la felicidad.
Un instante que ambos retuvieron para siempre. Un grito, un jadeo, una explosión que retumbó en lo más profundo. Le apretó los muslos, le mordió el cuello, le tiró el cabello y gritó su nombre. Todo en un segundo todo en ese instante, todo en un orgasmo.

jueves, 6 de agosto de 2009

El libro que recomiendo


Antes de irme a dormir escribo para observar mi vida, mi cotidianidad, lo que me gusta y lo que no. Cuando escribo, converso conmigo; Un pedacito de mí se sale y se instala en la parte superior de esta habitación y me observa, me mira y se ríe.. Pero no se ríe de mi, se ríe conmigo que no es lo mismo. Porque yo he aprendido a reírme conmigo, a mirarle el lado cómico a todo lo que me pasa..

Dice el diccionario de la RAE que la comedia es una pieza teatral en cuya acción suelen predominar los aspectos placenteros, festivos o humorísticos, con desenlace casi siempre feliz. Pues qué alegría constatar que el libro de mi vida se ubica en los anaqueles de la comedia. Ese libro estará al lado de otros de humor, de buen vivir, de bienestar. El libro de mi vida está lejos de la sección de drama y afortunadamente no se acerca a los estantes de la tragedia.

En los capítulos de mi vida pueden leerse épocas bastante conflictivas, difíciles y complicadas o situaciones dramáticas y dolorosas pero siempre han tenido un final feliz. (excepto la enfermedad de mi mamá durante mi ausencia y su muerte a los 3 meses de haber nacido mi hijo -afortunadamente se fue tranquila, pero que alguien me recuerde por qué carajos se fue). Está claro que la muerte hace parte del juego de la vida y hay que conocer las reglas y jugar como mejor se pueda, sabiendo que a veces se gana y otras se pierde.

Quiero con este pequeño escrito declarar que en mi vida he ganado mucho más de lo que he perdido. Porque todas las pequeñas o grandes pérdidas me han dejado una ganancia inmensa. Todas las personas que se me han atravezado en el camino me han dejado algo bueno. Así se hayan atravezado para reírse de mi cuando yo pensaba que se estaban riendo conmigo. A ellas y a ellos les digo gracias, porque me enseñaron a crecer, a perdonar, a levantarme.

Todas las situaciones dolorosas han tenido un final feliz. Estoy viva después de perderme a 4700 mts de altura en medio de la nieve y la noche, tengo un hijo lleno de felicidad pese a todas las circunstancias que rodearon su llegada a este mundo, soy cuerda y no tengo traumas a pesar de haber estudiado en ese horroroso colegio de monjas discriminatorias y clasistas, tengo mis piernas normales después de que tuve una fractura de tibia y peroné a 1 cm de la placa de crecimiento de la pierna; tenía 11 años! -y eso que no hablaré mucho sobre el hecho de que la radiografía me la hicieron una semana más tarde (!!!!), En fin, que todo lo que me ha pasado, duro o no, ha tenido un buen final. Todo se ha solucionado de la mejor manera. He escrito el libro de mi vida con palabras positivas, con términos amorosos, con párrafos enriquecedores, con capítulos que dan ganas de volver a leer. Qué buen libro! Hasta mañana.


martes, 4 de agosto de 2009


Hay varios temas en el la punta de los dedos (ya la tecnología nos impide hablar de "tintero"):
1.Sobre el incidente o accidente -muy consciente y inconsciente a la vez- de la cortada del cable de mi portátil por el lado que no era: consecuencia: no me puedo demorar mucho escribiendo hoy porque me quedo sin batería, y esa no es la idea.
2.Sobre los colores y las épocas en las que uno o algunos de ellos me persiguen.
3. Sobre la luna de hoy. Tal vez escribir sobre ella mañana -o cuando tenga cable- sea tarde. pero prometo hacerle un homenaje a mi amiga siempre presente y callada, madre y guía, fiel observadora de noches solitarias -no todas afortunadamente!- .
cable, colores y luna, sobre ellos hablaré en una próxima pasada por aquí.

Hasta entonces :-)

sábado, 1 de agosto de 2009

Huellas alegres


Hace unas semanas decidí darle un giro de 180 grados a mi vida (si, otra vez!) y regresar a Bélgica, país al que llegué por azar en 1999 y en el que viví durante 8 años.
Esta segunda etapa ha sido completamente distinta: ahora estoy soltera, tengo un hijo de 2 años, estoy buscando trabajo y vivienda. Mejor dicho, como dirían por ahí, "la cosa no esta pa' fiesta".
Pero he tenido días de fiesta, de celebración, de paz con la vida; días como hoy.
Tomé un tren con mi hijo rumbo a Blankenberge, una ciudad ubicada en Flandes Occidental, muy concurrida en verano pues queda frente al mar del norte y sus playas son de arena suave y agradable.
Después de visitar pingüinos, tortugas marinas, tiburones, medusas y langostas entre otros huéspedes permanentes de un parque llamado Sea Life, fuimos a caminar a la playa.
No sé ustedes, pero yo nunca me canso de ver el mar, siempre tengo una sensación maravillosa cuando estoy frente a él. Siento paz, gratitud y vida. Hay silencio y música.
Caminamos descalzos en la arena durante mucho rato. Mi hijo y yo de la mano y en silencio como si no existiera nada más; como si no hubiera nadie en la playa; conectados el uno al otro, sentimos la cadencia de las olas y la frescura de la brisa; dejamos las huellas marcadas en la arena; huellas que serían arrastradas por las olas y llevadas al mar.
De repente, una ola juguetona nos mojó las piernas y comenzamos a jugar y a saltar. A reírnos a carcajadas. De repente, fui completamente feliz y de nuevo, gracias al mar.